El pasado martes 21 del corriente quedó rubricado el despacho de comisión que anticipa el rechazo al Presupuesto Municipal 2026. En este marco, en la primera sesión de mayo en el recinto, los bloques opositores adelantaron su voto negativo al cálculo de Gastos y Recursos del presente año, remitido por el Departamento Ejecutivo en noviembre de 2025.
Lejos de tratarse de una discusión técnica, la decisión del Honorable Concejo Deliberante evidencia una clara postura política: negar al Municipio la herramienta básica para gobernar. Una vez más, la oposición opta por obstaculizar en lugar de construir, desentendiéndose de las consecuencias que esto genera en la vida cotidiana de los vecinos.
Mientras tanto, la ciudad continúa gestionándose desde enero de 2026 con el mismo cálculo de recursos del año 2025, en un contexto inflacionario que vuelve inviable cualquier planificación seria. Gobernar sin presupuesto no es un detalle administrativo: implica condenar al Estado local a funcionar sin previsión y con recursos completamente desactualizados.
A este escenario se suma el constante aumento de los combustibles, que encarece cada uno de los servicios que presta el Municipio.
Del mismo modo, el incremento sostenido en el precio de los medicamentos impacta directamente en el sistema de salud, dificultando cada vez más el sostenimiento del Hospital Municipal y la garantía de atención para toda la comunidad.
Sostener el sistema de salud local en estas condiciones se vuelve un desafío extremo, donde cada recurso resulta fundamental y la falta de actualización presupuestaria repercute de manera directa en la calidad del servicio.
A esto se agrega la complejidad de mantener las calles de la ciudad, con costos en alza y recursos que no acompañan la realidad económica.
En paralelo, y como reflejo de la situación económica que atraviesa el país, desde la Secretaría de Desarrollo de la Comunidad se observa un aumento sostenido en la cantidad de vecinos que requieren asistencia social, lo que incrementa la presión sobre un Estado municipal que hoy cuenta con herramientas limitadas.
Esta situación también afecta de manera directa a los pequeños comerciantes, que pasan a ser considerados grandes contribuyentes sin que su realidad económica haya mejorado. La inflación incrementa sus cifras en términos nominales, pero la carga impositiva termina asfixiándolos en la práctica.
A esto se suma un dato preocupante: los Bomberos Voluntarios de la ciudad no podrán ver actualizado el aporte mensual que reciben, lo que impacta directamente en una institución clave para la seguridad de la comunidad.
Las consecuencias ya comienzan a evidenciarse. La suspensión del barrido manual que prestaba la empresa Santa Elena constituye una muestra concreta del impacto de estas decisiones: menos servicios, menor capacidad de respuesta y una ciudad que afronta los costos de una disputa política que parece no contemplar a los vecinos.